NOS VERÁS VOLVER

bitácora

Me volví amigo de mi chica hace casi un año. Por esos días yo había vuelto de cubrir las protestas de estudiantes en Caracas, en Venezuela; y teníamos en nuestro haber algunas salidas a comer y a beber vino en la terraza de un restaurante miraflorino. Mientras yo le contaba cómo había sido al viaje a Caracas, ella me contaba del viaje que planeaba hacer por el sudeste asiático.

Hoy, no sé por qué, un recuerdo aparentemente insignificante se incrustó en mi cabeza. Recordé que, mientras ella iba camino al aeropuerto por la Costa Verde a su viaje, yo le mandé una canción. La misma que escucho ahora una y otra vez mientras escribo estas líneas. La número cuatro del disco del brasilero Silva: A VISITA. [Sí, está en Spotify].

La letra hablaba de un hombre que visitaba a una mujer cuando ella menos lo esperaba. Y más o menos eso fue lo que hice durante los veintiún días que ella estuvo por allá. Con la inmejorable complicidad de la tecnología cuando la lejanía separa, hablamos casi todos los días. Cuando volvió, en ese momento, comenzamos a salir. Y luego estuvimos. Este verano, sin embargo, fue distinto. Me tocó emprender un viaje similar al de ella, pero no al sudeste asiático ni por veintiún días. Mi itinerario tenía como nombre ASIA SUR y duraba un verano, sumado a ello los sacrificios que implica una edición por semana y que significa, en realidad, hacer una revista en tan solo cuatro días. Soportó cancelaciones de citas, de almuerzos con amigos, cumpleaños y bodas. De largos silencios en conversaciones por WhatsApp. Correos en espera. O frases como esta: «Salgo a las diez de la noche», cuando en realidad, por imprevistos, terminaba saliendo a las tres de la mañana. Ahora mismo veo tintinear la ventanita de mi página de Facebook con un mensaje a su nombre. Y tendrá que esperar a que termine con algunas cosas que hago ahora mismo. [Sí, varias cosas a la vez].

Mi historia de verano no es distinta a los integrantes del equipo de cierre de ASIA SUR. Sissy Junek, jefa de diseño, tiene una niña de un año de unos inmensos ojos marrones que en este preciso momento, mientras ella afina el diseño de las páginas que le siguen a esta, la espera en su casa. He oído cómo Oliver Lecca, fotógrafo, ha cancelado planes en el sur con sus amigos, un viernes, por quedarse a ayudarnos un cierre madrugador. O he descubierto alguno que otro redactor que se escapaba a la hora de la cena en los cierres con su novi@ para no perder la deliciosa rutina de mirarse a los ojos aunque sea un rato. Para no perder la costumbre.

Dicen que las mejores cosas en este mundo están hechas de la suma de pequeños sacrificios. Estos fueron los nuestros, para finalmente, hacer que les llegue, semana tras semana, una revista mejor que la anterior. Sinceramente, y de nombre todos, esperamos haberlo logrado. Con este número de Asia Sur nos despedimos [con alegría y nostalgia] hasta diciembre, que nos verás volver.

Ahora los dejo, tengo que responder un mensaje en Facebook. Creo que, después de un año, volveré a mandar la misma canción. Disfruten el fin de semana. ¡Nos vemos en LIMA!