Belleza exterior que cuida su paz interior

Pascale de Col

Escribe: Rebeca Vaisman / Foto: Kami Velvet
Se siente más a gusto rodeada de una naturaleza agreste que en medio de una urbe vertical. Ha vivido toda su vida al borde del mar. Pascale de Col divide su tiempo entre la Arquitectura de Interiores y el Modelaje, mientras se cuestiona sobre su propia visión estética. El punto de encuentro entre ambos mundos: la búsqueda de naturalidad, su definición de belleza.
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Si hace dos años le hubieran propuesto a Pascale de Col hacer una sesión de fotos en ropa de baño, se habría negado. Era demasiado tímida, o demasiado insegura, o extremadamente consciente de su propio cuerpo. Aunque trabajó en un par de catálogos cuando tenía dieciséis, ha sido recién estos últimos tiempos que ha modelado más seguido. Así que sus preocupaciones iniciales eran de esperarse. Sin embargo, estas dudas ya no se dejan notar en la campaña que protagonizó a mediados de este año para una marca de biquinis: sexy, torneada y bronceada, Pascale fue la imagen de una rubia debilidad lista para la playa. Hace poco se reencontró con el fotógrafo de aquella sesión: al tenerla nuevamente ante su cámara, elogió su rápida evolución. «Ahora me siento más confiada», admite Pascale, quien se deja arreglar el cabello mientras conversa. «He ido aprendiendo. Además me siento más segura de mí misma y de mi cuerpo». Con un maquillaje leve y la cara casi al natural, se revela la juventud de los veinticuatro años de Pascal y se entrevé la dulzura que no falta en sus ojos verdes cuando se la ve de cerca. A ella no le interesa ser una sex symbol. Cada vez que posa es una mujer distinta. Lo exige el modelaje: una figura moldeable. Y a Pascale nunca le ha dado miedo actuar. ¿Pero quién es ella en realidad?

Arquitectura íntima

De Col terminó la carrera de Arquitectura de Interiores a mediados del año pasado. Si en el diseño de modas la apariencia determina la forma, la creación de un espacio responde a su funcionalidad. Son distintos enfoques estéticos que conviven en el cuerpo de Pascale. «Pero en el fondo, ambos son arte. Y el arte es algo que a mí siempre me ha encantado», explica. «Un encuadre fotográfico es como una escenografía, y así es como ves el espacio en decoración», continúa. Basta que algún elemento cambie de lugar para que la foto sea totalmente distinta. Pascale sabe moverse entre los objetos.

Prefiere hacer fotos ‘artísticas’ que aquellas posadas en un estudio. Disfruta más del proceso. Pero lo que le encantan son las fotos en exteriores naturales. «Me gusta poder interactuar con la naturaleza», apunta, mientras se deja peinar. Las ondas artificiales apenas alteran el aura apacible de Pascale. A veces no puede resistirse a dar algún consejo durante la producción de una sesión, pero la mayoría de veces prefiere callar y solo observar. Secretamente piensa en todos los elementos que cambiaría si ella estuviese encargada de montar la escenografía. Lo mismo le sucede cuando va a una casa, o a cualquier local. No lo dice, solo lo piensa, y en su mente dibuja un nuevo plano del lugar. En realidad Pascale habla poco, sosegadamente. Sonríe con los ojos. El verde es el color de la naturaleza.

Ha rediseñado dormitorios, salas, un estudio y una oficina, y actualmente trabaja en otra. Aún no ha encontrado su estilo. Pero le gusta usar materiales naturales, y, entre estos, la madera en su color original es su favorito. No recurre a lo recargado, ni tampoco a lo minimalista: busca algo simple que responda al gusto del cliente y al suyo propio. «Creo que debes tratar de adaptarte al ambiente que te rodea, y no querer hacer algo que rompa demasiado. No hace falta», reflexiona. Así como no hará falta retocarle el maquillaje, así como llevará el pelo suelto el resto
de la mañana.

«He respirado su arquitectura toda mi vida», dice Pascale, que ha vivido toda su vida a un paso del mar de Miraflores. «Me gusta poder interactuar con la naturaleza»

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Lazos familiares

Pascale ha vivido toda su vida a un paso del mar. No se imagina rodeada de edificios. Su niñez la pasó en el malecón de Miraflores. Luego, en un condominio de Villa diseñado por José de Col. Titi, el arquitecto fallecido recientemente, era su tío, su padrino, y también era su vecino. Quizás por eso a Pascale le atraigan las paredes boleadas y las líneas curvas que caracterizaban el diseño de Titi. «Es que he respirado su arquitectura toda mi vida», señala ella. Su familia también la define. Casi todos son artistas: su hermano mayor es arquitecto, el menor está estudiando Cine. Su padre es ingeniero pero le encanta la música. En la sala de Pascale pueden verse algunos instrumentos de percusión a manera de adornos. «Nos encanta prender una fogata en la playa, sentarnos todos alrededor y tocar bongós», cuenta Pascale.

Por estos días se ha preguntado qué pasaría si llega un cliente cuya estética es totalmente opuesta a la de ella. Alguien cuyo estilo no le atraiga para nada, y caiga en lo que para ella es mal gusto. ¿Aceptaría el trabajo? «Creo que no podría aceptarlo por honestidad», responde Pascale. Lo mismo sucede cuando le proponen un nuevo trabajo de modelaje: ella investiga sobre la marca y sus conceptos. Solo acepta los que le gustan, los que le parecen interesantes. Todavía existen cosas que no haría. No posaría para una revista de hombres, por ejemplo. O en una sesión gratuitamente sensual. Y ya no por timidez. «El modelaje es para mí un hobby; la arquitectura es mi carrera», explica Pascale.

En su casa le consultan cuando tienen que remodelar algo, o cambiar algún elemento de lugar. Y en su habitación, el espejo en el que Pascale se mira por las mañanas tiene un marco de madera natural, con pequeñas flores talladas alrededor. Una pieza que ella misma diseñó. Son los detalles aquellos que nos definen.