Arte violento

Por Joaquín Salas / Fotos de Augusto Escribens
borea1

Hay muchas generaciones que nacieron entre violencia. En el Perú, los ochenta fueron sinónimo de terrorismo, y los niños que la habitaron y sobrevivieron en sus calles crecieron con el entendimiento de que la violencia era parte del día a día; no algo de lo que escapar, sino algo con lo que convivir. En este Perú creció Alberto Borea. «Creo que es imposible poder escapar esos años de violencia, y creo que esa violencia es reflejada de muchas maneras en la obra de mi generación, personalmente en mi obra», explica el artista plástico. «Esas disconformidades sociales, problemas, diferencias socioeconómicas, y esas maneras de entender lo que es la identidad de una ciudad, de un país».

Ya sean instalaciones, collages fotográficos u otro tipo de piezas, Borea busca un punto de encuentro entre la estética y la calle. El identificar una cultura a través del frenesí de sus elementos. «El arte es eso: una especie de termómetro de la realidad», explica. «Todo el arte es un diálogo con el entorno, con tu ciudad, y todo acto estético es un acto político, al final. No creo que vayan separadas una cosa de la otra».

borea2

Dos meses atrás, Alberto Borea presentó una muestra curada por José Roca como parte de los Solo Projects de la Feria Perú Arte Contemporáneo. Sus piezas nacieron de la chatarra de buses en desuso. Siempre le llamó la atención las líneas de colores y los diseños de estos autos que se encuentran por todos lados en la ciudad. «Me preguntaba quién lo hace, quién decide los patrones estéticos, quién decide el color de las líneas, por qué son las franjas de esa manera. Es una estética que nos rodea», explica. «Cada lugar tiene su estética, y creo que las combis de aquí, los buses de Lima tienen una estética en particular que dice mucho de la propia sociedad». Con estas piezas, el artista consigue encontrar aquel punto de descontextualización de aquello que en el día a día se avalancha hacia los limeños, y nos hace ver de otro modo aquello cotidiano que nos hace vivir al límite, así no queramos ser parte de ello. «Yo a la hora de rescatar estas especies de diseños de las combis lo que hago es poner en evidencia un arte popular casi inconsciente que hace referencia a la historia del arte», dice Borea. «Estas piezas vuelven a definir otro tipo de estética. Para mí son referentes al constructivismo, al expresionismo abstracto, al minimalismo, pero a la misma vez es este sincretismo de distintas culturas con la chicha, con la cultura peruana, con la agresión de estas culturas de las combis. Es una especie de autorretrato de lo que es Lima».

Sus piezas se exponen en la Y Gallery de Nueva York y en la galería Lucía de la Puente, en Lima. En estos lugares, Borea hace que el caos de nuestro alrededor se convierta en arte, aunque, tal vez, siempre lo fue.