Arte con vibras cósmicas

Chris Dyer

Por Rebeca Vaisman / Fotos de Santiago Barco
En Lima, él era un chico que montaba skate, corría tabla y era hincha de la “U”. Cuando partió para vivir en Canadá, sus recuerdos le sirvieron para dar forma a pinturas expresivas, de vibra positiva e intenciones espirituales. Y también para reconciliarlo con el pasado. Porque para Christopher Dyer, el arte es un ritual sanador que empieza en su propia alma.
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La primera impresión que tuvo Christopher Dyer cuando llegó a Ottawa, Canadá, fue que la ciudad estaba demasiado limpia. En Lima, después de todo, había quedado el caos, el ruido y el color en el que había pasado diecisiete años de vida. Allá estaban las voces en el estadio, alentando a Universitario, y las pintas de ‘SepUlcro’ que Dyer hacía con graffiti en las paredes. Estaban los días surfeando y montando skate. La infancia con apagones y noticias de coches bomba. Las fiestas, las primeras noches. Las manifestaciones que cerraban calles. El temor y el descubrimiento. Eso era Lima. Era entendible que Ottawa, su nuevo hogar, le resultara demasiado aburrido. «Demoré mucho en hacer amigos», recuerda Dyer. «Todo lo que me quedaba era hacer arte».

Chris Dyer se fue del Perú a los diecisiete, cuando todavía buscaba su identidad en medio del sentimiento de pertenencia que suponía ser miembro de una barra de fútbol, y la libertad que experimentaba corriendo olas. En Canadá montaba skate y pensaba en el mar, y empezó a dibujar caricaturas con anécdotas de sus amigos del colegio Markham y de Totoritas, mientras estudiaba Arte. Esos elementos biográficos fueron madurando, convirtiéndose en los símbolos de expresión –y también en soporte físico– del trabajo de Chris Dyer. «Esa cultura de los ochenta y principios de los noventa en Lima todavía forma gran parte de mis pinturas hoy en día», afirma el artista, establecido desde hace años en Montreal. «Son épocas que aprecio y extraño».


Arte espiritual

Si su forma apela a la exuberancia y a la vitalidad, podría decirse que las preocupaciones tras la estética de Chris Dyer son la evolución espiritual y la unidad: «A pesar de que somos totalmente diferentes somos parte de un mismo cuerpo, somos uno solo», respondió Dyer en un documental del 2011 sobre su trabajo. Es considerado representante de escenas artísticas como la del Skate Art y la del arte urbano; pero quizás sea más conocido entre los seguidores del llamado arte visionario. Se trata de un arte con reminiscencias sicodélicas, explica Chris, y con un trasfondo espiritual. Es un movimiento relativamente nuevo [el Museo Americano de Arte Visionario fue fundado en 1995], aunque tiene vínculos con otras tradiciones más antiguas, como el surrealismo europeo o el chamananismo americano. «Es un tipo de arte que se experimenta más en festivales que en galerías», afirma Dyer, refiriéndose, por ejemplo, a Burning Man, festival anual que celebra el arte, la espiritualidad y el bienestar en comunidad, y que se celebra en el desierto de Nevada. El peruano es una de las figuras del evento.

Sin embargo, en Lima se ha permitido algo más tradicional, aunque solo en apariencia. De hecho, la gran exposición –que ocupa tres salas– dedicada a su obra reciente en el Centro Cultural Ricardo Palma, quiere establecer un contexto especial entre su arte y el espacio: además de lienzos y papel, tablas rotas de skate cubiertas en pintura atraviesan las paredes; un gran mural fue pintado directamente sobre el cemento, como si fuera uno de esos graffitis que Dyer solía hacer cuando chico. Expone en Perú después de siete años, y esta muestra también es una manera de trazar un puente entre su vida actual, en Montreal, y los recuerdos de su infancia en Lima. El arte de Chris Dyer cree en la reconciliación. Y este proceso empieza, siempre, por casa.

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El lienzo como espejo

Se percibe que Dyer elige imágenes que ejercen algún tipo de poder sobre él. Porque los recuerdos son poderosos. Sus piezas están plagadas de personajes, momentos y lugares vividos, conectados a través de la energía con que el propio artista quiere bañar su taller y su vida. Así, en sus obras Machu Picchu puede ser una escenografía que convive junto a una pirámide egipcia, la estética del cómic puede pintarse con colores de la sierra, y el propio álbum familiar de Dyer se despliega. «Cada pieza tiene una intención de sanación para mí y para el mundo. Perú representa mis raíces, mi formación y es algo de lo que nunca puedo escapar completamente», admite Chris. «Perú tiene su propia vibra, para bien y para mal, pero trato de usar esa conexión espiritual con la tierra. El espíritu de la Pachamama».

Pero no solo el pasado nutre sus pinturas. También el presente se deja ver bajo el pincel del artista. Aparecen amigos. Valerie, su esposa. Y el propio Chris. ¿Qué es lo que sus autorretratos le han mostrado sobre sí mismo? «Como artista, es importante usar mi expresión visual para sanar mis heridas psicológicas», reflexiona Dyer. «La familia es importante en este proceso y por eso trato de incluir a esas personas que amo y que me hacen mejor como ser humano». Para el artista, cada pintura es un viaje de exploración, un viaje que le permite aprender más sobre su subconsciente. O como él dice: «otra manera de pulir mi ser».

Hoy, Chris Dyer se encuentra en medio de otro viaje. Uno que le devuelve a sus recuerdos, sus miedos y sus primeros descubrimientos. Está aprovechando para viajar por todo el Perú, llegando a la mayor cantidad de pueblos que pueda, de la costa, la sierra y la selva. No tiene expectativas fijas, pero admite que la intención principal de este viaje es sanar los traumas que adquirió «siendo un niño sensible en una cultura agresiva». «Quiero tener buenos sentimientos sobre mi país, no quiero resentimientos», afirma Dyer. «Quiero mostrar al mundo lo especial que es la verdadera vibra del Perú».

Dyer está acostumbrado a hacer muchas cosas a la vez. Positive Creations [creaciones positivas] es su marca de objetos artísticos para los que también colabora con otros creadores. Es gerente y diseñador de Creation, marca de skates. Trabaja como curador y productor de eventos culturales, y es coeditor de la revista Realize. «Pinto murales, dirijo talleres en colegios, y hago diseño gráfico comercial», continúa Chris. «Soy esposo, y trato de ser uno de calidad. Y por diversión monto skate, colecciono discos de vinil y viajo. Así que no duermo mucho, ni desperdicio el tiempo», asegura. Sin embargo, parte de su determinación como artista tiene que ver con ayudar a otros. Dyer persigue un arte que inspire y que llene de energía positiva a quien lo mire. Es el único arte que le interesa.