Arquitectura para el desarrollo

Escribe: Rebeca Vaisman
Como otros, estos jóvenes arquitectos regresaron a su país después de una estadía en Europa, un continente duramente golpeado por la crisis mundial. Perú, por el contrario, les recibió próspero en posibilidades. Pero el crecimiento económico no genera verdadero desarrollo sin los cimientos adecuados. A estos profesionales, la experiencia fuera les obligó a plantearse una nueva forma de entender la arquitectura, vital para construir otro país. Uno mejor.
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Caroline Lindsay
Arquitectura consciente

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A comienzos de la década del 2000, Caroline Lindsay acababa de egresar de la universidad. El Perú de los últimos veinte años parecía estar cambiando. «Ya se veía venir el boom de construcción», recuerda Lindsay, de 34 años. «El primer proyecto que me asignaron como arquitecta fue la remodelación de Saga Falabella de Piura. Luego vino la de Chiclayo, donde se hizo un mega centro comercial. Trabajamos en la construcción de Tottus de San Miguel. Todo despegaba», recuerda. Por eso se fue. Caroline decidió especializarse en arquitectura de interiores con un máster, queriendo volver pronto y aplicar las nuevas experiencias en Perú. En 2005 ingresó a la Universidad de Salamanca y pensó quedarse los ocho meses que duraba el curso. Se quedó ocho años.

Cuando su máster terminó en 2006 España parecía estar en la cúspide. Lindsay recibió varias ofertas de trabajo. Se mudó a Barcelona e ingresó a Barcelona Global Design, [BGD], estudio especializado en construcción de infraestructura de sanidad y educativa. Eran sesenta arquitectos en el estudio, levantando hospitales e institutos educativos en toda España. Pero para fines de 2009, solo quedaban quince. Lindsay era una de ellos. El país se había desmoronado y las construcciones se paralizaron. Entonces, para Europa, Latinoamérica empezó a verse como una apuesta valiosa. Y es así como Caroline regresó a comienzos de 2013, para abrir la representación de BGD Perú. «Ahora Perú tiene dinero, pero no infraestructura», dice la arquitecta. «El siguiente paso para el Estado es invertir bien. Y los rubros de sanidad y educación están colapsados».

No es esto lo único que la preocupa. «En Lima se necesita un reordenamiento del transporte, es lo más urgente. Se necesitan buses con gas que sean ecológicos; que la ciudad piense en los discapacitados», dice. En sus últimos tiempos en España hizo el curso Leed del Greenbuilding Council, en diseño ecológico para ciudades sostenibles. Lindsay habla de promover el car pooling [cuando compañeros de trabajo o estudio se turnan para viajar en un solo auto] o de que las oficinas instalen duchas para que sus empleados puedan llegar en bicicleta. «Cuando vas por la Carretera Central ves contaminación de mala arquitectura, de carteles publicitarios, de ruido. Pero lo mismo pasa en la avenida Raúl Ferrero, en La Molina», advierte Lindsay. «Así que no es una cuestión de estrato social».

Pero ella no puede dar Lima por perdida. Mucho menos si durante siete años vivió en una ciudad que fue rediseñada dos veces. Primero por Ildefonso Cerdá, a mediados del siglo XIX, quien rompió la muralla medieval e ideó el famoso Ensanche de Barcelona. Y luego hacia 1992, a propósito de los Juegos Olímpicos, cuando la ciudad catalana volteó por fin la cara al mar. Así es que Caroline confía en que puede crearse una nueva Lima. Una Lima eficiente, amable y consciente. Dice que es deber de los que vuelven, ayudar a que esto se consiga.


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Diego Franco
Proyección a futuro

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Mucho antes de que Diego Franco se graduara a fines de 2006, Nómena Arquitectos, el estudio que fundó con otros compañeros de la UPC, ya funcionaba. Desde el inicio se notaba su preocupación por la investigación y el estudio, que no había terminado al salir de las aulas. Junto a sus socios, se embarcó en la construcción del libro Conposiciones: 20 aproximaciones a la arquitectura, una reflexión a partir de entrevistas a arquitectos peruanos, publicado en el año 2010.

Pero Franco decidió seguir estudiando. Esta vez, fuera del Perú. Postuló e ingresó, junto a 49 arquitectos más, al exigente Máster en Proyectos Arquitectónicos Avanzados de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, institución de la Universidad Politécnica de la capital española. «Lo que el máster me dio no fue una manera de hacer, sino una manera de pensar», reflexiona el arquitecto de treinta años. Franco sabía que era un mal momento para viajar: la crisis ya había hecho estragos en Europa, y España era uno de los países más afectados. El programa contemplaba una parte de prácticas pero debido a la situación laboral, cumplir con este aspecto resultó imposible. Así que luego de concluir el máster, Franco viajó a Londres donde se quedó cuatro meses visitando estudios y entrevistándose con arquitectos y empresas. Por su edad y experiencia estaba sobrecalificado para la oferta de trabajo.

Entonces Perú llamaba. Nómena Arquitectos fue invitado a participar en la segunda edición del Foro de Jóvenes Arquitectos Latinoamericanos que se realizó en abril de 2013 en Fortaleza, Brasil. Franco regresó justo a tiempo para preparar la reedición del libro [esta vez, con diez nuevas entrevistas]. A la cita en Brasil también asistieron estudios de Chile, Argentina, México y Colombia. Franco no solo se reencontró con el Perú, sino con la realidad y las posibilidades de una Latinoamérica en ebullición. «Pero por más que la situación estuviese crítica en Europa, seguía existiendo una fuerte conciencia del valor de la arquitectura como expresión cultural. En Perú sobran los medios económicos, pero falta esa conciencia. El desarrollo en construcción no implica una mejora en la arquitectura peruana», advierte Franco. Dice que la arquitectura que se produce en Perú tiene poca relevancia a nivel mundial, incluso regional, debido a que se hace mucha obra privada –casas urbanas y temporales, o edificios residenciales– pero que «difícilmente tendrán una trascendencia mayor». Franco compara esta situación con un ejemplo cercano: Bogotá, la capital colombiana, y su plan de regeneración a partir de una arquitectura de grandes soluciones públicas. Bibliotecas y parques en zonas consideradas de peligro, escaleras eléctricas en los cerros para facilitar la movilización de la población. «Hay una carencia, pero también hay ganas de atacar el tema por ahí», dice. La posibilidad de hacer obra pública es un pendiente para Franco y los arquitectos de Nómena.


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Sylvana Aza
Diseño con personalidad

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Desde que estaba en el colegio sabía que quería estudiar fuera. Quería hacer algo que la inspirara, en una ciudad que la sorprendiera. En 2007, y luego de cinco años de haber egresado como arquitecta, Sylvana Aza llegó a Milán para estudiar un máster en Diseño en la Academia Domus. La ciudad la recibió mostrándole toda su riqueza en arte, moda e historia. Milán, la ciudad del diseño. También fue la ciudad del amor para Aza, pues ahí conoció a Pascal Tarabay, arquitecto y artista libanés, hoy su esposo. Para fines de 2008 la pareja se había mudado a Beirut. Una vez más, en poco tiempo, una ciudad de gran bagaje cultural adoptaba y envolvía a Sylvana Aza. En ese contexto, reflexiona, ella terminó de madurar. Como persona y como creativa.

Mientras Europa sucumbía ante la crisis, Medio Oriente mantenía sus estándares altísimos de lujo, calidad y estilo. Entre 2008 y 2011, Aza y Tarabay realizaron proyectos como la remodelación de una casa de la década de 1940 de 12 mil metros cuadrados, en Chemnlan [Líbano]; y el rescate del mítico hotel Saint George de Beirut, que en la década de 1950 fuera el más fastuoso del país. Ese último proyecto se quedó en la fase inicial debido a problemas políticos. La inestabilidad política y social en Medio Oriente trajo a la familia a Perú, ya con su hijo Leo, a fines de 2011. El regreso tenía una finalidad: fundar Lima Modern, un proyecto complejo y de largo aliento que los esposos han montado desde comienzos de este año.

Aza señala que una de las características del mercado peruano es la abundancia de la copia a todo nivel y de todo precio. Por eso la arquitecta decidió abrir un espacio que muestra las últimas propuestas, originales, de distintas casas de diseño del mundo. El siguiente paso será generar diseños propios, trabajando con artistas y artesanos, rescatando manufactura propia, métodos ancestrales, materia prima e imaginario local. «Queremos que Lima Modern sea un motor para jóvenes creativos, y ayudarlos a encontrar su propia identidad sin copiar lo que ya existe», explica la arquitecta de 33 años. Aza está convencida: Latinoamérica se convertirá pronto en la fuente de inspiración del diseño en el mundo. Le parece fundamental que la arquitectura y el diseño local se piensen desde un nuevo diseño peruano, basado en propuestas individuales y libres.