Andrea Llosa no quiere vestirse a la moda

Por Joaquín Salas / Fotos de Augusto Escribens
A la diseñadora Andrea Llosa siempre le han llamado la atención las tribus urbanas: sus respuestas alternativas, su actitud autónoma, su libertad para definir estilos nuevos. Su más reciente colección, inspirada en los punks, marcó su debut en la feria de exportación Perú Moda.
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Cuando Andrea Llosa llegó a España, entre su equipaje había varios pares de zapatos de taco. Ocho años después, a su regreso a Lima, en sus maletas los zapatos habían sido reemplazados por zapatillas. A la diseñadora de modas, el ambiente de Barcelona le calzó perfecto: en sus calles se impone un estilo bohemio que no por ser relajado deja de tener actitud. Para alguien como ella, acostumbrada a verse bien sin sacrificar comodidad, Cataluña fue el espacio perfecto para conocerse como diseñadora y encontrar su estilo sin dejarse llevar por tendencias. Ya establecida en Lima, Andrea Llosa busca en sus diseños proponer un estilo propio mientras se mueve al compás de Lima, una ciudad en la que la prolija elegancia que por décadas dictó la moda va virando hacia la mayor libertad con que se visten las nuevas generaciones.

Para la colección que presentó el miércoles 9 de abril en su debut en Perú Moda, la diseñadora se inspiró en esa actitud que lleva a los jóvenes a desafiar las costumbres y vestirse como les plazca, una actitud que refleja bien el movimiento punk. Pero ¿cómo expresar ese estilo de vida sin copiar la crudeza estética de esta subcultura? Llosa mezcló colores y materiales que recuerden un estilo, al tiempo que permiten a la diseñadora proponer la soltura y el espíritu fresco que caracteriza a sus diseños: telas como la viscosa, la cuerina, el lamé, el tul y el cuero; los colores variaron entre el negro, el azul marino y el vino.

Hace poco estuvo en el LIF Week, donde la prensa se le acercó para preguntarle qué consejo daría a las mujeres a la hora de vestirse. Su respuesta: «Hay que ponerse lo que a uno le apetezca, pero que sea natural. No estés cuatro horas en tu cuarto pensando qué es lo que más va a llamar la atención». Esa misma mañana había decidido qué vestido tenía ganas de usar, y por la noche lo único que tuvo que decidir fue si usaría o no sombrero. Se probó uno, se miró al espejo y le gustó la combinación. Listo. «Mi esposo dice que lo que más le gusta de mí es que me cambio rápido. Nunca salió con alguien que se cambie en menos de cinco minutos», cuenta entre risas.

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Pero la celeridad no implica hacer las cosas sin pensar. Andrea es una mujer que se conoce muy bien y sabe qué busca cuando se viste: diferenciarse del resto. Diferenciarse como las tribus urbanas que siempre le llamaron la atención con su actitud de negar al rebaño y transgredir, como cuando se ponía aretes en la nariz y la ceja, como cuando decidió tatuarse. Sin embargo, con ella misma como con sus clientas, diferenciarse no pasa por llamar la atención de todos, sino por lograr un estilo que destaque a la persona. «No estoy buscando que a mi clienta se le vea como la más regia de la fiesta, ni la más escotada ni la más flaca. Estoy buscando que con un vestido sencillo se le vea como la que tiene más onda, que se vea linda sin esfuerzo».

Por estos días, Andrea Llosa por fin ha hecho realidad una de las iniciativas que tenía en mente hace ya buen tiempo: unir su profesión con la ayuda social. En el marco del Día de la Madre, desde el 14 de abril hasta mediados de mayo se venderán en los supermercados Wong sus pañuelos para el cuello, tejidos en punto y diseñados en seis colores diferentes. Por cada uno que se venda se regalarán dos cuelleras de polar a niños de localidades donde más fuerte pega el frío en Cusco y Puno. Con sus pañuelos a la venta, sin embargo, es tiempo de que Andrea vuelva a lo que mejor sabe: diseñar. De lunes a viernes llegará a su taller a las ocho de la mañana y se sentará en su escritorio hasta las once. Cómoda y con actitud, como siempre.