10 Ideas Arquitectónicas

Jean Pierre Crousse

«Brasilia es una ciudad que empieza de cero. Lima tiene tres mil años y varias superposiciones de imaginarios culturales y a la vez, inconexas. Eso la hace fascinante, vital. Físicamente se parece a Los Ángeles y salvando las distancias, se parece a Nueva York

Le va cambiar la cara a una parte de la Costa Verde. El edificio del Lugar de la Memoria que se está construyendo sobre el acantilado de Miraflores es un diseño suyo. Bueno, del estudio que fundó junto a su esposa, también arquitecta, Sandra Barclay. Tendrá una explanada que se convertirá en una plaza pública cuando la obra se inaugure en setiembre de este año. Ganaron un concurso como parte de una iniciativa aislada en un país que no incentiva la arquitectura pública -existe una ley que impide que los organismos estatales convoquen a más concursos-. Fueron los mejores. Y ese parece haber sido el único consenso con los otros arquitectos en esta selección. Es una clase de ícono que debe replicarse en otras partes de la ciudad, manteniendo una sola condición: ser socialmente importantes. Es decir, públicos. Su lógica fue simple. Mínimo esfuerzo para el máximo impacto en la tarea de conectar la ciudad, no solo físicamente, sino también a la gente, que se siente ajena. Para Jean Pierre, el espacio público en Lima se ha ornamentalizado, que quiere decir que no es necesariamente bonito y no sirve para nada.

Martín Dulanto

«Esta maldita costumbre de estar construyendo edificios casi de cartón, con espacios mínimos y exceso de concreto. Eso me asusta y me hace sentir muy claustrofóbico en Lima. Tampoco es una ciudad amable para el peatón. Necesita aire y árboles»

Tiene veintiocho años. Estudió en la UPC. Vive en Miraflores. Su esposa es artista. Hace dos años, lo llevó a Tumbes, el lugar donde nació y vivió solo un mes, por su luna de miel. Sentado en la plaza, lo invadió la tristeza: Tumbes era una ciudad fea. Apenas salió de la universidad, trabajó y luego se asoció con Amelia Reátegui, la mamá de su esposa, en un estudio de arquitectura y construcción. La relación era complicada: el arquitecto busca su espacio y tranquilidad para crear mientras que el constructor acelera las cosas para hacer más obras. Luego de cuatro años, decidió abrir su propio estudio. Solo de arquitectura. Es difícil para un arquitecto joven no seguir a sus maestros y referencias. No cree que pueda existir creación desde cero. Ha hecho casas de playa [aunque no le guste tanto la playa] y de campo. El tema más complicado en su oficio es ese cliente que se cree arquitecto, que quiso ser diseñador y cree que puede opinar. Nunca ha estado fuera de Lima por periodos prolongados. No conoce todas las calles del centro. Le gustaría tener calle. Tampoco está seguro de que Brasilia sea el modelo que toda ciudad de Latinoamérica debe seguir. Tanta belleza en la ciudad esconde algo.

Giussepina Cánepa

«A un niño de ocho años en Brasilia le pides que dibuje el Congreso o la casa del Presidente, y puede hacerlo. Los tiene tan metidos en la cabeza, dentro de su identidad, que los recuerda fácilmente. Esos son los íconos arquitectónicos que son importantes para una ciudad».

Nació en San Isidro y a los ocho años, se mudo a La Planicie cuando solo era un terreno eriazo sin postes de luz que más parecía un pueblo perdido. Su papá, también arquitecto, fue el hacedor de esa urbanización en La Molina en los años setenta. Ahora, es un caos de la construcción ostentosa sin veredas para el peatón. Ya no puede salir a montar bicicleta tranquila. Su apellido la delata y la acusa por las largas temporadas que ha tenido en ciudades de Italia: Roma y Milán. Estudió en el colegio Antonio Raimondi y luego, Arquitectura en la universidad Ricardo Palma, junto a José Orrego. Dice que es como su segunda patria. Nunca imaginó que tendría una empresa con tres sucursales, que viajaría por el mundo viendo tendencias, que sería una de las mujeres que van al Salón Internacional del Mueble en Milán, hablan con el diseñador Philippe Stark y aparecen en las secciones de Sociales de revistas locales.

Jaime Ortiz de Zevallos

«Brasilia es un ejemplo extraordinario de planificación para descentralizar un país. Pero hay que verla cuando tenga veinte millones de habitantes. En Lima, hoy debemos empezar desde cero y enfocarnos en las ciudades que están creciendo: Trujillo, Piura, Arequipa, Cusco, Ica. Que mañana se van a convertir en una nueva Lima, con todos sus problemas».

Si Lima se precia de ser la capital gastronómica de Latinoamérica, un restaurante limeño debería ser una institución. Y el futuro escenario de Mistura, una suerte de ícono de identidad de la ciudad. Eso lo sabe él, que ha diseñado varios de los restaurantes más sofisticados en Lima. La misma ciudad que primero debe resolver su problema de transporte público. Uno no puede conocerla incluso si se desplaza [con horas de retraso] en ella. Existen esfuerzos, dice, que por falta de gestión ordenada, no corrupta, se truncan. Según él, necesitamos lo que pasa en Colombia, donde hay proyectos de infraestructura de ciudad [museos, campos feriales, bibliotecas, centros deportivos], realizados a través de concursos públicos. Ese es un proceso de transformación que debe venir de la parte pública. Porque la labor del arquitecto, según él, es la de resolver problemas.

Alonso Toledo y Mónica Beleván

«En Lima hay una combinación de elementos que se atan por la falta de planificación absoluta. Es como una olla de presión a la que se echa más agua para que no hierva». [Alonso Toledo]

«Hemos devenido en una ciudad caótica y eso ya es parte de la identidad de Lima: una ciudad con valor académico, muy freak e interesante para leerla». [Mónica Beleván]

Son esposos y socios del estudio Diacrítica. Lo consideran su hijo. Mónica tiene treinta años y vivió en Brasilia siendo niña a principios de los ochenta. Su primer idioma es el portugués. Ambos han pasado la mitad de sus vidas fuera del país. Alonso en Bogotá, México, Argentina. Ella es hija de diplomático. Nunca les han parecido normales el clima ni el tráfico en Lima. Por eso, se sienten extranjeros en su propia ciudad. Ajenos. Mónica piensa que Lima es una gran ciudad feudal, que no termina de modernizarse. Alonso considera que el hacedor de Lima [que aún no aparece] será un ser odiado. Como lo fue Barón Haussmann cuando convirtió París en el siglo XIX para que deje de ser una ciudad fétida. Lo que hoy vemos, producto de ello, es un eje urbano importante, donde todas las calles desembocan y miran al Arco del Triunfo.

Mario Lara

«Brasilia es una ciudad fuera de la realidad, utópica, metida en un sitio dentro del centro de Brasil. Es como si pusiéramos la capital de Perú en Puerto Maldonado. Si quieres hacer algo por Lima tienes que sacrificarte porque te van a despedazar».

Para él, uno de los profesionales más destacados en el país, la arquitectura trata de buscar el equilibrio, no de dominar el espacio para enaltecer el ego. Dice que hace cosas modernas sin alejarse del lenguaje clásico. Ha diseñado casas en Francia, España y Buenos Aires. Apenas regresó de Europa, hizo su casa en Barranco, de cara al acantilado, la misma en la que hoy todavía vive. Se desplaza en su Mercedez Benz de los noventa, en bicicleta y en Metropolitano. Aunque detesta que las vías del metro hayan partido su distrito en dos sabe que en Lima debe existir orden, y para ello, una persona que maneje la ciudad, que la mire como una unidad. No debería ser diseñada por ingenieros viales que piensan que su único problema es el tránsito. Los municipios están atomizados y los alcaldes hacen lo que quieren, como si fueran terratenientes. Por ejemplo, que el alcalde de Chorrillos implante un letrero con las letras del distrito como si fuera Hollywood en un cerro monumental, con historia. Nadie lo detiene. Y eso es horroroso.

José de Col

«Cambiar Lima va a tomar tiempo, dinero y grandes huevos. No en el casco urbano existente, sino en la gran expansión que va a tener en el desierto. Arreglar el flujo vehicular con un metro subterráneo. Prohibida la contaminación visual».

Tiene 44 años. Vive en Villa, en Chorrillos, en un condominio familiar que él mismo diseñó, tres años después de egresar. Diseña casas de campo, de playa, de ciudad. Tuvo trabajos que fueron una piedra en el zapato por culpa del cliente que puso una lamparita y malogró todo el diseño. Sus proyectos con libertad total están en el norte: Máncora, Órganos y Punta Sal. Son los mejores. Es un arquitecto tablista. El mar, dice, es su sangre. Corre tabla y eso le enseña a tener un feeling al 100% con la naturaleza. Te enseña sobre cómo fluir en todo. Una construcción debe fluir, piensa. Desde que estudiaba en la facultad, lleva su tabla de «paseo». No le quita tiempo a la obra por meterse al mar, pero si hay tiempo, sí, sin duda. Lima le parece una buena ciudad, aunque sus suburbios [cono Norte, cono Sur, Los Olivos] sean un caos. Babilonia. Eso no tiene solución. Detesta las telarañas de cables de las operadoras telefónicas, los ingenieros viales que no piensan fluidamente y las bancas del malecón de Punta Hermosa que quieren ser tablas hawaianas y parecen tablas de planchar filudas.

Jordi Puig

«Brasilia es una ciudad única, una cosa de locos. Puede ubicarla en cualquier lado, en una sabana africana. La Costa Verde, desde La Punta hasta La Herradura, está en nada y debería ser el ícono de Lima, nuestro apellido. Ya olvidémonos del Centro Histórico».

Si hay críticos de arte y de literatura, quizás deba existir una crítica de arquitectura. Quizás Jordi haga esa labor de curaduría, de antología personal, en su programa de arquitectura en un canal de cable. Lo que le gusta: confort sin lujo necesariamente. Es una apuesta por considerar el trabajo de un arquitecto como crucial para la calidad de vida de una ciudad. El crucero que surca el Amazonas que el diseñó, por ejemplo, acaba de ganar un reconocimiento en Nueva York. Lima tuvo buena arquitectura y Jordi regresó luego de una temporada de trabajo como arquitecto de interiores en Barcelona. Encontró un país donde habían cosas por hacer. Cuando recibe una llamada telefónica, puede desdoblarse y pensar en varios proyectos que tiene a cargo: un hotel boutique en Barranco, otro en Cusco, una finca de mil metros cuadrados en Bogotá. Le tienen que pegar muy fuerte para que quiera entrar a la Casa de la Mujer en Chorrillos.

Sandra Barclay

«Hacen falta ideas a la escala de la ciudad. Cada distrito que atraviesa la Costa Verde hace lo que quiere. Es la oportunidad de concebir una gran infraestructura que resuelva muchas cosas, no solo el tráfico».

Vive y trabaja en Chorrillos. En el malecón, frente al mar. Ha formado una asociación creativa junto a su esposo, Jean Pierre. Ambos planean sus vacaciones en función de la arquitectura. Como si hicieran un check list imaginario de las ciudades con construcciones clásicas que les faltan conocer. Ya estuvieron en Turquía, Grecia, Madrid, Francia y el sur de España. Van a visitar pronto Italia. Para ella, lo fundamental es aprender a observar. Y eso se aprende viajando, visitando obras, dibujándolas, fotografiándolas, caminándolas, sintiéndolas. Al observar con los ojos del otro, el mundo se multiplica. Pero en el país, no hay mucha arquitectura moderna que recorrer. No hay espacios públicos. Sandra considera que el desarrollo de una ciudad no pasa porque el «pobre» pueda comprarse un auto y poder circular por las calles, sino que un «rico» pueda dejar su carro y tomar el transporte público, eficiente y ordenado.

José Orrego

«Lima no es viable para el próximo siglo. Va a colapsar, si no es que existe una conciencia colectiva. Lima no tiene planeamiento Hemos perdido la posibilidad de intervenir la ciudad, que está hecha por cualquier persona menos un arquitecto».

El año pasado, junto a una delegación de veinte arquitectos peruanos, viajó a la Bienal de Arquitectura en Venecia. En el pabellón peruano expusieron entonces una ciudad alternativa construida al norte, en pleno desierto de Olmos, modernizando formas precolombinas de las culturas costeras para las edificaciones. También Lima, aunque no se defina por ello, es una ciudad de costa, pero sumamente fragmentada. Por eso, sus desplazamientos son difíciles, tortuosos. La imagen de la capital es una suerte de ameba, o varias amebas, que funcionan de acuerdo a lo que el tráfico permita. José Orrego, quizás por eso, hizo coincidir sus tres lugares de socialización más importantes en el mismo distrito: Surco. Allí, vive, almuerza y trabaja. ¿Existirá una relación inversamente proporcional entre la pasión por su oficio y el caos de la ciudad en la que vive? Orrego, egresado de la universidad Ricardo Palma, fue descubriendo algunas cosas en el camino: por ejemplo, que las casas de playa en Lima son un fenómeno único. Son como un laboratorio abierto, de vanguardia, para la creatividad del arquitecto.